sábado, 19 de marzo de 2022
Un bosque, un palacio y un chalet con jardín
miércoles, 12 de enero de 2022
Libros bizarros para épocas de zozobra
He de confesar que durante el confinamiento duro del año 2020 sentía envidia cuando, en esas miles de videollamadas que los telediarios y cualquier tipo de programas reproducían a todas horas, el experto o personaje público de turno aparecía arropado por su biblioteca personal. En medio del caos y la tristeza que estábamos (y estamos, en cierto modo) viviendo, era reconfortante comprobar que había personas que se encontraban viviendo este momento en la seguridad de su hogar rodeados de cultura, y con la tranquilidad que da, en épocas de zozobra, tener cerca un libro querido.
Nuestra casa es pequeña y no da para tener una biblioteca de tales dimensiones. Aun así, los libros están presentes en nuestro comedor y, haciendo un poco de malabarismo, conseguimos encajar una pequeña librería de Ikea en nuestro dormitorio. Se trata de una librería humilde, que está empezando a albergar una biblioteca personal que, esperemos, algún día sea grande, pero que hoy contiene primeras ediciones de literatura latinoamericana de Mondadori, clásicos de la narrativa norteamericana como 'A sangre fría', libros de historia y arte románico, junto con novedades editoriales más o menos recientes como 'El infinito en un junco' o 'Los vencejos'. Y aunque es un tanto ecléctica, todavía no llega al nivel de bizarrismo de las que recoge Eduardo Halfón en el relato 'Biblioteca bizarra', que sirve para dar título al libro de este autor guatemalteco en el que se incluye.
El resto de relatos que componen 'Biblioteca bizarra' (Editorial Jekyll & Jill) son 'Los desechables', 'Halfon, boy', 'Saint-Nazaire', 'La memoria infantil' y 'Mejor no andar hablando demasiado'.
El relato titulado 'Biblioteca bizarra' es un delicioso texto escrito por un amante de los libros para otros bibliófilos. En él nos habla de bibliotecas raras, poco heterodoxas, propietarios de libros con filias y fobias fuera de lo común; librerías de viejo, librerías privadas, organizadas por colores, bibliotecas inexistentes (porque su dueño se desprendía de todos los libros que compraba), monotemáticas, etc.
Un texto que, sin duda, será apreciado por cualquier lector que se considere amante de los libros y de todo lo que representan y que, desde luego, se gana por derecho propio dar título al libro.
"Prefiero los libros de viejo. Me gustan precisamente por el aire de imperfección y misterio que los envuelve: las páginas manchadas o dobladas por la mano de otro; las frases subrayadas o párrafos marcados en amarillo que ya le dijeron algo a alguien más; las curiosas anotaciones y reflexiones en los márgenes; la eventual dedicatoria en la primera página, a veces enigmática, a veces absurda, del mismo autor. Decía Virginia Woolf que los libros de viejo son salvajes, libros sin casa, y tienen un encanto del que carecen los volúmenes domesticados de una biblioteca".
Otro relato a destacar es 'Los desechables', en el que Halfón cuenta el encuentro que mantuvo con un grupo de personas drogodependientes en una biblioteca de un suburbio de Medellín en el marco de un festival literario celebrado en esta ciudad colombiana, y de las cuestiones, temores e inquietudes que le trasladaron durante el mismo.
"(Tomándose una fotografía con un grupo de drogodependientes después de una charla literaria en una biblioteca de Bogotá) Y mientras yo intentaba sonreír en medio de ese silencio, bajo la lluvia casi invisible, sólo podía pensar que cada uno de ellos un día fue hija o hijo de alguien, que cada uno de ellos un día fue el bebé recién nacido de alguien, que cada uno de ellos un día fue arrullado por alguien con todo el amor de un padreo o de una madre que sostiene en sus brazos una vida nueva, una vida llena de luz, una vida que apenas empieza".
El relato más emocionante es 'Halfon, boy', que narra el modo en que vivió el escritor el embarazo y nacimiento de su primogénito, y los sentimientos que ese acontecimiento le propició.
"Me convertí en tu padre, Leo, como todo lo demás importante en mi vida: por accidente. Tú aún creces en el vientre mientras yo traduzco a William Carlos Williams, pero siento la necesidad de decirte algunas cosas que temo luego se queden olvidadas en el tiempo o en el silencio. Decirte, por ejemplo, que todas las noches duermo con mi mano derecha sobre ti, quizás intentando sentir tus ligeros movimientos, o quizás queriendo protegerte en las noches, o quizás pensando que tú también, mientras duermes y creces ahí dentro, logras sentir mi mano cerca, apenas del otro lado de tu mundo interno y oscuro".
'Saint-Nazaire' es, posiblemente, el relato más flojo de los que componen el libro. Se trata de las impresiones que le causaba siendo niño esta base francesa de submarinos durante la II Guerra Mundial.
Algo mejor es 'La memoria infantil (notas a pie de página)', donde evoca los recuerdos que conserva del momento en que tuvo que abandonar Guatemala, su país natal, con diez años.
"Hacer literatura es el ejercicio de querer rellenar los espacios vacíos de la memoria, sabiendo todo el tiempo que no se puede".
Y también es muy buen relato 'Mejor no andar hablando demasiado', en el que narra en primera persona las amenazas anónimas que comenzó a recibir tras la publicación de su primer libro; y se hace valer como un gran reflejo de la sociedad guatemalteca y de la persecución por motivos ideológicos que todavía a día de hoy sigue existiendo en el país centroamericano.
Es lo primero que leo de Halfón, y no será lo último, pues su prosa directa y sencilla engancha, y hace que los relatos resulten muy digeribles, los libros resulten breves y dejen un regusto que perdura pasado el tiempo desde su lectura.
domingo, 2 de enero de 2022
2022, una nueva hoja en blanco
martes, 21 de diciembre de 2021
Jugábamos sobre la ignominia
martes, 16 de noviembre de 2021
Soldados de causas que ya no existen
"Soy un espía muerto de un país que no existe"
Carré es un espía argentino al que han traicionado, al que han vilipendiado en innumerables ocasiones, pero que, sin embargo, todavía está dispuesto a dar la vida por aquello en lo que sigue creyendo, aunque esto suponga arriesgarse por un país que ya no existe, por una causa que ya no existe. Qué difícil no sentirse identificado con el agente Carré en algunas ocasiones.
El último encargo que la nación tiene para Carré consiste en transportar a su lugar de origen el denominado 'Milagro Argentino', que no es otra cosa que el cuerpo resucitado (a través de procedimientos electrónicos e informáticos) de uno de los padres de la patria argentina. Y lo que, a priori, parece un encargo fácil, que permitirá a Carré retirarse plácidamente en su país en olor de multitudes, se convierte en un trabajo envenenado finalmente difícil de cumplir.
Y es en estas complicaciones donde se nota la mano experta de Osvaldo Soriano, que puso en El ojo de la patria todos sus esfuerzos para ofrecernos una novela de espías equiparable a la mejor literatura de suspense como la que procede de latitudes más septentrionales que en las que se sitúa el país de la Pampa.
Sin embargo, el libro tiene un punto de inflexión que está a punto de mandar al traste la trama tan pulcramente construida hasta ese momento: la estancia de Carré y el prócer en el Hotel Orion. Los hechos que ocurren allí son tan surrealistas que desentonan demasiado con todo lo que venía sucediendo hasta ese momento, y que, obviando dicho fragmento, podría enmarcarse en cualquier novela de género policíaco o de espías sin demasiados esfuerzos. Pero el hecho de que los huéspedes sean escritores que redactan libros para no ser vendidos o que los gerentes del hotel sean una banda de hombres travestidos no ayuda, precisamente, a tomarse en serio al menos esta parte del libro.
Menos mal que el bochorno que genera es algo pasajero, y el último tercio del libro vuelve a recobrar la trama de suspense que nunca debería haber abandonado, pues vuelven las persecuciones, las misiones secretas, y los encuentros furtivos en mitad de la noche. El final, entre lo onírico y lo psicodélico, se encuentra a la altura del resto de la novela.
“Llevaba el pasado de otros porque no tenía uno propio. […] La traición era el único sobresalto posible en ese encierro de lealtades inciertas”.
Osvaldo Soriano se muestra en El ojo de la patria como un representante muy digno de la narrativa iberoamericana del último tercio del siglo XX. Es, como decimos, una obra irregular, por cuanto tiene un comienzo lento, y va cobrando cuerpo hasta llegar al último tercio, pero es el inicio en el que se nos presenta a Carré y el entorno en el que se mueve el que nos hace disfrutar del resto de la novela.
La atmósfera detectivesca adaptada por Soriano a la idiosincrasia argentina, con toques de la mejor novela estadounidense sobre el género y, sobre todo, el carácter surrealista de la trama, hacen que nos encontremos ante una obra original, con un punto de vista que el lector no espera encontrar si atendemos a lo que se cuenta en las primeras páginas.
Referente de otros autores argentinos como Eduardo Sacheri, Osvaldo Soriano maneja a la perfección los diálogos, concisos unos, incisivos otros, ácidos la mayoría de ellos, y eso hace que la novela parezca más ligera, cuando en realidad tiene bastante carga de profundidad y unas sentencias que podrían haber sido extraídas de cualquier manual de filosofía moderna.
“Ahora que había arriesgado empezaba a sentirse digno de ser alguien. Tal vez ése era todo el secreto”.
"Tenía muchas cosas que hacerse perdonar pero pensaba que el Cielo también le estaba debiendo algunos favores”.

