Páginas y kilómetros
viernes, 20 de marzo de 2026
Libros que se leen siendo demasiado mayor
lunes, 16 de septiembre de 2024
Escribir para sujetar el paso de los días
“El frescor de primera hora de las mañanas de agosto, como una isla insólita. Todavía no se ha levantado la humedad que emborronará el aire, confundiendo las distancias. También es distinta la calidad de este silencio, de pronto atravesado por el canto de un pájaro o el ladrido amable de un perro invisible. Por la claridad baja y dorada, los quietos ramilletes de sombra salpicando las piedras y la levísima brisa en las hojas de los álamos, podría pensarse que atardece.
Desde lo alto de la colina, un avión avanza paralelo al horizonte del mar. Los coches aislados que cruzan, invisibles, el cinturón de Ronda suenan como olas rompiendo en una playa. La ciudad inmediata, a nuestros pies, parece sureña o incluso tropical: azoteas blancas, cuadrados azules de piscinas quietas. Más allá, la grisura de acero y sombra de los grandes edificios. Aquí, ahora, ensueño de pinos antiguos y destellos escarlata de azaleas: un olor seco y alto da paso a otro dulce y denso. De bajada, la campana de la iglesia, entre los árboles, canta las ocho. En el alféizar de una ventana, recostado contra la reja, el gato blanco comienza su aseo. El sol, ya en la cara, indica que hoy volverá a hacer calor”.
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| La Llama Store |
En la mayor parte de las ocasiones, cuando empieza la lectura de un libro de un autor desconocido hasta ese momento, y cuesta empezar a coger el ritmo del libro y del propio autor, lo que menos se espera es que la descripción de un amanecer bajo el ramaje de un patio catalán, deteniéndose con todo lujo de detalles en la paleta cromática que acompaña el momento pueda sorprender tanto, hasta el punto de haberme encontrado pensando en ella en varias ocasiones posteriores, incluso espaciadas en el tiempo, como una especie de válvula de escape de la realidad que aprisiona en cada momento.
No conocía a Marcos Ordóñez hasta que leí Una cierta edad, y eso que lleva años escribiendo las crónicas teatrales en El País, el periódico de referencia durante mi juventud. Pero a partir de ese momento tengo en la lista de pendientes los Juegos reunidos que publicó con Libros del Asteroide.
“Escribo para fijarme. Para caer en la cuenta. Para fijarme en las cosas y en la gente y en lo que pienso y en lo que siento, que no siempre está claro. Fijarme en el sentido de observar todo con mayor precisión, porque todo pasa demasiado rápido, pasa por detrás y pasa por los lados, cuando andamos despistados, embabiecados, envueltos en ruido, y fijarme en la acepción de anclaje, de hincar los pies en el suelo, con las líneas como rieles, para que el viento del tiempo no se lo lleve todo y a mí con él, y no todo se afantasme antes de hora. Y para llegar a fin de mes”.
Una cierta edad es un dietario que el autor fue completando desde 2011 a 2016 con una triple finalidad: "tratar de sujetar lo que se escapa del paso de los días, pensar con un poco de calma, y correr en libertad, jugando con tonos y géneros".
| Ed. Anagrama |
Y dando cumplimiento a esas motivaciones, en el libro encontramos, por supuesto, mucho teatro y muchos libros, también muchos autores que entran y salen de las notas que componen el dietario, pero también desciende a cosas más mundanas como los achaques de salud o la sensación que siente al sacar un pequeño cuaderno para tomar las notas que sigan alimentando las notas del dietario.
“Me preguntan cuáles son las condiciones indispensables para mi oficio. Contesto: «Que te gusten las historias y las palabras. Intentar atrapar y contar las primeras, y juntar y cambiar de orden una y otra vez las segundas hasta que parezcan, con mucha suerte y mucho empeño, recién brotadas. Si te aburre hacer eso día tras día y que tu frase más repetida sea “Bueno, creo que ya tengo un borrador”, quizá sea mejor que te dediques a otra cosa»”.
Definitivamente, un libro escrito de manera muy ágil, con fragmentos que quedan marcados en la memoria del lector y que dejarán con ganas de leer otras vivencias escritas por este autor.
miércoles, 26 de junio de 2024
Un hilo invisible
“[…] Lo que debes saber es que todos los días nace un millonario que va a querer que un día tú le protejas la vida, los escuincles, la laniza, las piedras. ¿Y sabes por qué Bernabé? Porque cada día también nacen mil cabrones como tú dispuestos a darle en la madre al rico que nació el mismo día que tú”.
Puede afirmarse sin muchos rodeos que México es el paradigma de estado fallido. Con la excepción de los últimos días, centrados en la elección de la nueva presidenta Claudia Sheinbaun, las noticias que llegan a nuestras pantallas reflejan los problemas que enfrenta este país centroamericano: violencia contra las mujeres (feminicidios), corrupción, narcotráfico, desigualdad de clases, etc. Esa es la imagen completa del país que llega a todas las partes del mundo.
miércoles, 24 de abril de 2024
El vacío de miles de cometas al bailar
“Mala cosa el orden, señorita. Una se levanta por la mañana y ve que no ha cambiado nada de lugar. Que solo hay un plato en el fregadero. Que no va a entrar nadie corriendo por el pasillo. Y que todo va a seguir igualito en el mismo sitio a las once y a las tres y a las nueve.
Habrá un día en que eche en falta este revoltijo, se lo digo yo.
Y que se emocione, dentro de mucho, cuando vea una peonza en el cajón de los cubiertos”.
'Los ingratos'. Pedro Simón.
jueves, 22 de febrero de 2024
Relatos para sobrevivir al gran apagón
“Es septiembre -a pesar de haber dejado la escuela hace décadas, el calendario escolar sigue ejerciendo una poderosa influencia sobre ella- y se siente deseosa de empezar cosas nuevas. Es la estación de la abundancia; los manzanos están cargados de fruta, la hierba salvaje que queda junto a la autopista está crecida. La brisa mueve los árboles. Todo emana profundidad, es el último esplendor del verano. Dentro de un par de horas, por la tarde, una tormenta lo barrerá todo, limpiando el aire”.
Una playa repleta de niños adultos un fin de semana de finales de junio, un bonito y cuidado hotel de playa, una tormenta amenazante que, de repente, cambia de dirección y nos deja seguir disfrutando de algo tan básico como estar al aire libre, pero que un año y unos meses atrás recordábamos con añoranza desde nuestras ventanas a las 8 de la tarde. También un autobús en el que no cabía ni un alfiler y en el que, por tanto, era imposible guardar la conocida distancia de seguridad.
En estos escenarios, que ahora han venido a mi memoria, me acompañó el libro de relatos de A. M. Homes Días temibles. Y lo recuerdo, precisamente por las excepcionales (y pandémicas) circunstancias en que fue leído. Porque siempre me acompaña un libro en el transporte público o en la playa, pero espero que nunca, nunca más, tenga que volver a leerlo con la cara cubierta y las gafas empañadas.
Días temibles, editado en España por Anagrama, es un libro compuesto por doce relatos de distinta extensión, que mantienen una autonomía propia y una calidad indiscutibles.
Dentro del conjunto de relatos, destacan por derecho propio 'Días de ira', que contiene el diálogo mantenido entre sus protagonistas del que se extrae el título del libro; 'Muestra nacional de pájaros', escrito en un interesante formato de chat; 'La última vez que lo pasó bien', que recrea el viaje solitario de un hombre adulto a Disneyland en busca de algo que perdió hace muchos años, y que no era necesariamente material; 'Un premio para cada jugador', donde una serie de casualidades desembocan en una candidatura al cargo político más poderoso de la tierra y 'Ella se escapó' (una suerte de continuación de 'Hola a todos') donde la A. M. Homes más cruda nos plantea un encuentro frontal con la soledad, sin abandonar ni el surrealismo ni el humor ácido.
Pero, como decía, 'Días de ira' se merece la importancia que tiene dentro del libro, y es que la primera vez que, al igual que en este relato, me vi sumergido de lleno en el ambiente universitario de un campus estadounidense fue en el libro de Chad Harbach El arte de la defensa con el orden en sus despachos, clases y bibliotecas, con el olor a césped recién cortado de los jardines y el campo de beisbol. Pues el relato que da nombre al libro de A. M. Homes me ha teletransportado nuevamente hasta allí por los personajes, el ambiente, los escenarios, la época del año en que se ambienta, pero también por los dilemas éticos a los que se ven sometidos sus protagonistas. Se trata, en definitiva, de un relato que justifica, por sí mismo, la lectura del libro.
Y apuntaba antes, también, al humor ácido y sangrante y las situaciones surrealistas o, directamente fantásticas, que son seña de identidad de la autora, siendo elementos que impregnan todos los relatos que componen el libro como una lluvia fina, que moja pero que no incomoda.
Días temibles es un libro que difícilmente va a defraudar, y en el inusual caso de que lo hiciese al menos habremos aprendido cómo actuar para sobrevivir al gran apagón.



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