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martes, 21 de diciembre de 2021

Jugábamos sobre la ignominia

 


Encoge el corazón descubrir con el paso de los años cómo algunos de los lugares sobre los que jugamos siendo niños escondían en sus entrañas una ignominia que todavía hoy se encuentra grabada en el corazón de muchas familias de nuestro país. Uno de estos lugares es el cementerio del municipio toledano de Alcaudete de la Jara, paso obligado, en muchas ocasiones, de nuestros paseos y correrías por las calles de la localidad en el período en el que mi familia dispuso allí de una segunda vivienda. En esos rodeos, matutinos o vespertinos, no éramos conscientes de que los alrededores de aquella tapia encalada albergaban el cuerpo de 28 vecinos fusilados por el bando nacional durante la Guerra Civil, en la que posteriormente se conoció como "Fosa La Pradera".

Tampoco sabía entonces, y sí ahora después de leer el magnífico libro 'Los campos de concentración de Franco. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas', de Carlos Hernández de Miguel, que muchos (o todos) de esos asesinados pudieron pasar sus últimas horas de vida en el campo de concentración que las tropas franquistas habían montado en el pueblo contiguo, Belvís de la Jara. Estábamos, en definitiva, jugando sobre la maldad sin conscientes de nada de ello.

Para sacarnos de esa ignorancia, 'Los campos de concentración de Franco' suponen una radiografía integral de la creación, desarrollo y desaparición de la red de campos de concentración implantados por el régimen franquista durante los últimos años de la Guerra Civil y toda la dictadura.

Se trata de una obra muy exhaustiva, muy bien documentada y muy prolija en datos, testimonios y localizaciones de las ubicaciones acreditadas de los campos de concentración que compusieron la red.

El libro se estructura en dos partes bien diferenciadas, que se complementan como un engranaje perfectamente engrasado. En la primera se desarrolla la creación y expansión de la red de campos durante el extenso período en el que estuvieron activos, analizando los cambios de denominación de los que fueron objeto a lo largo del tiempo; la segunda parte analiza todos (y cuando decimos todos, es todos) los aspectos de la vida cotidiana del campo de concentración: nutrición, condiciones de salubridad, relación con los guardianes, con los presos, ocio, educación, y un largo etcétera.

Como decimos, ambas partes se engranan a la perfección, siendo la primera más academicista y más densa, y la segunda más amena y humana, más alejada de los fríos datos y más apegada a los testimonios de quienes estuvieron en los campos de concentración o de sus familiares.

Al final del libro, el autor deja un listado de ubicaciones sobre las que existen sospechas de posibles emplazamientos de campos de concentración. Se trata de un interesante hilo del que pueden tirar otros investigadores interesados en esta época de la historia de España.

En definitiva, sorprende comprender lo cerca que hemos estado alguna vez de un campo de concentración: desde el que se ubicó en el Convento de San Marcos de León, en la actualidad Parador Nacional de Turismo, hasta el que se ubicaba en el del pueblo de al lado de nuestra madre, donde tanto jugamos cuando éramos niños. Afortunadamente, este libro desentierra en gran parte ese oscuro y desconocido pasado.

domingo, 6 de junio de 2021

El ser humano es un animal que añora

La primera noticia de 'Sobre la nostalgia. Damnatio memoriae'  la tuve durante los paseos vespertinos desde casa hasta el Cementerio de la Almudena (un buen lugar para ejercitar la nostalgia, por cierto), en la época en la que comenzaron a relajarse las medidas de confinamiento tras el primer estado de alarma. Como nexo común en casi todas mis últimas lecturas, el autor fue entrevistado por Javier Aznar, en una de las habitaciones de su ya imprescindible 'Hotel Jorge Juan'.

Me pareció muy interesante la aproximación a ese concepto, el de la nostalgia, desde la filosofía y la mitología, justo en el momento en el que lo que más añorábamos era nuestra vida anterior a la pandemia. El de la nostalgia de ver a nuestros seres queridos y estar acompañados por ellos durante la parte más dura del confinamiento domiciliario al que nos abocó el COVID-19.

En 'Sobre la nostalgia', Diego S. Garrocho disecciona desde una perspectiva histórica y filosófica el concepto de nostalgia. Se trata de un ensayo muy académico en algunos pasajes, que no he podido disfrutar cuanto me hubiera gustado, debido a mis propias carencias y limitaciones en la materia. Otros, sin embargo, en un lenguaje más asequible para el lector común, como quien esto escribe, nos acercan al concepto que da título al libro y a una serie de lugares perfectamente transitables para la mayoría:

"La amenaza de un dolor es mucho más temible que la vivencia de un sufrimiento en tiempo presente".
"La fortuna ha querido que en nuestra lengua la «espera» y la «esperanza» converjan en una misma palabra. «Esperar» es una acción ambigua y dual en la que la permanencia o la persistencia paciente parece custodiar un optimismo injustificado. La polisemia del término fascinó a André Gide, quien celebró la coincidencia que en nuestra lengua nos obliga, cada que entramos en una «sala de espera», a entrar en una «sala de esperanza». Allí donde esa esperanza se exilia, disipa o se aniquila -podríamos volver a Hesíodo- se pierde el sentido de la espera e incluso se hace imposible su ejercicio".
"Es probable que cada vez que añoramos un lugar no echemos de menos una circunstancia espacial concreta sino un tiempo sido".
"No hay nada más antiguo que el futuro, pero al mismo tiempo no hay nada más moderno, o postmoderno, que invocar el pasado".

Personalmente, la parte que más disfruté durante la lectura fue la que abordaba el concepto de nostalgia desde una perspectiva histórica, resultando muy interesante el capítulo dedicado a la 'damnatio memoriae', una condena habitual en la antigua Roma, consistente en borrar de la memoria colectiva el recuerdo de un enemigo del Imperio, suprimiendo cualquier rastro que pudiera permanecer en placas conmemorativas, edificios, esculturas, etc. Era una versión más depurada (y menos cutre) de las purgas llevadas a cabo en la URSS con aquellos a los que se purgaba y condenaba al ostracismo. 

Igualmente interesante es el tratamiento de la enfermedad de la nostalgia de la que fueron diagnosticados los soldados suizos que se enrolaban en misiones lejos de su país (la enfermedad también recibió el nombre de "mal del país") y que no podían olvidar los verdes paisajes de su patria mientras se encontraban luchando lejos de ellos.

En definitiva, un libro muy interesante, que nos acerca de una manera integral a un concepto más presente en nuestra vida de lo que podríamos pensar, pero al que es conveniente acercarse con determinadas bases sobre conceptos filosóficos para poder disfrutarlo en su totalidad.

martes, 9 de febrero de 2021

Un pueblo que se dejó traicionar


Ya se sabe que en una casa con niños siempre es más complicado encontrar momentos para cualquier otra cosa que no sea la atención a sus necesidades permanentes. Sin embargo, esta Navidad quise probar si podía contravenir ese mito con la lectura de
'Un pueblo traicionado', del hispanista británico Paul Preston. Eso obligaba, por un lado, a fijar un objetivo diario de lectura y, por otro, a acelerar el paso aquellos días en los que no había cumplido durante la jornada anterior. Y sí, puedo decir que, después de un mes, pude terminar este volumen de casi 800 páginas sin que me faltase ni me sobrase ningún día. Filomena me concedió una prórroga de una semana (tiempo en que estuvieron cerradas las bibliotecas públicas en Madrid), pero no fue necesario.

El autor de este volumen es, como se ha dicho, Paul Preston, historiador hispanista británico, que puede presumir de conocer la idiosincrasia y los avatares de nuestra historia mejor que la mayoría de las personas nacidas aquí. Resulta llamativo que tengan que venir de fuera a ponernos frente al espejo, en lo que a debate historiográfico se refiere.

'Un pueblo traicionado' comprende el período que va desde la Restauración de 1874 hasta la proclamación de Felipe VI como Rey de España. A lo largo de todo ese lapso temporal, el libro narra la historia de un pueblo que se ha dejado traicionar por su falta de determinación en momentos fundamentales ante gobernantes despiadados, que aprovecharon ese adormecimiento para implantar regímenes de corrupción, nepotismo y terror en varias ocasiones durante ese período.

A pesar de contar con miles de nombres, fechas y acontecimientos, el libro se lee como una novela, a lo que, sin duda, ayuda la afilada y directa prosa de Preston, pero, también, lo apasionante que fue el período de la historia de España que narra.

Muchos son los personajes que pueblan las páginas de 'Un pueblo traicionado', como da buena cuenta de ello el cuantioso apéndice que recoge a todas y cada una de las personas citadas en el libro de un modo u otro, pero lo que sorprende es la cantidad de personajes secundarios que han asolado nuestro país, y que luego han tenido una relevancia fundamental desde bambalinas en el devenir de su historia. Muchos podrían ser los ejemplos, pero uno de los que más me llamó la atención fue Severiano Martínez Anido, sanguinario personaje presente en todo movimiento represor desde principios del siglo XX hasta el final del franquismo.

Sin embargo, lo que evidencia 'Un pueblo traicionado' es que ni siquiera el paréntesis que supuso la II República entre gobiernos de corte autoritario, cuando no abiertamente fascistas, estuvo exento de claroscuros, e incluso en ese período pueden encontrarse gobernantes que no supieron estar a la altura de las circunstancias y de la importancia del momento histórico. Ese es el caso de Santiago Casares Quiroga, presidente del Consejo de Ministros en el momento del golpe de estado de Franco, quien exigía que no se le molestase durante la noche bajo ninguna circunstancia, lo que impidió poder avisarle del alzamiento de las tropas que había comenzado durante la noche del 17 al 18 de julio de 1936 y evitando así dar una rápida respuesta al mismo.

'Un pueblo traicionado' genera impotencia por la cantidad de oportunidades perdidas por nuestro país para llegar a ser un país moderno y con una democracia consolidada, como los de nuestro entorno, pero que tuvo la mala fortuna de encontrarse con una clase dirigente sin escrúpulos, más interesada en su enriquecimiento personal que en el interés general del país.

Justo hoy ha tenido comienzo el juicio por la reforma de la sede del Partido Popular que, presuntamente, se habría sufragado con dinero de la "caja B" del partido, y desde hace unos días su ex tesorero, Luis Bárcenas, ha venido caldeando el ambiente con una confesión que incrimina a la antigua cúpula del partido en la configuración de esa contabilidad paralela. Ese es uno de los últimos acontecimientos que aparece en las páginas finales del libro cuando se aborda la trama Gürtel, y no es sino una muestra más de que, a veces, en más ocasiones de las deseadas, sí estamos condenados a repetir nuestra historia.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Cuenca y las lagunas de Cañada del Hoyo


Caminando por Cuenca se tiene la sensación de estar paseando por la cuerda de una montaña, de la que, en cualquier momento, nos podemos despeñar, bien hacia la profunda hoz del río Júcar, bien hacia la amenazante hendidura del Huécar. Y es que llama la atención la estrecha superficie en la que se halla enclavada la parte más antigua de la ciudad. Desde el punto más alto, del que hoy solo quedan las ruinas de lo que fue el castillo, hasta los rascacielos de colores que suben por la serpenteante calle que desemboca en la plaza, el casco histórico se extiende por esta limitada superficie, dejando en quien lo visita la sensación de que por más que lo recorramos siempre quedará algún rincón por descubrir para un viaje posterior.

En esta ocasión, son dos las formas de recorrer la ciudad que propondremos: en primer lugar, a través de sus monumentos y rincones más emblemáticos; y, en segundo lugar, y dentro del mismo día, una visión de la ciudad desde los miradores que ofrece. Combinando ambos paseos nos haremos una idea de todo lo que ofrece Cuenca.

Por otra parte, propondremos la visita a un lugar espectacular, a la vez que desconocido: el paraje de las lagunas de Cañada del Hoyo, a 45 minutos de la capital. Se trata de "cráteres" llenos de un agua de cambia de color según la época del año, rodeados de pinares y tejos, en medio del más absoluto silencio. Y para pasar la noche, una casa con todas las comodidades en la cercana localidad de Arguisuelas, Las Azoreras.

-Cuenca a través de sus principales monumentos-
Tras un zigzagueante ascenso por la calle de Alfonso VII, dejamos a ambos lados de la misma unas curiosas construcciones que en la ciudad reciben el nombre de "rascacielos". Así llamados, con un poco de sorna, porque son edificios más altos de lo que realmente aparentan, pues mientras al nivel de la calle muestran tres o cuatro alturas, en su parte trasera, descolgados sobre la escarpada ladera tienen bastantes más. Los de la calle Alfonso VII destacan por sus vivos colores en tonos azules, naranjas y amarillos.


lunes, 23 de julio de 2012

Patriotismo fosilizado


Recuerdo que comencé este libro la misma noche en que España ganó la Eurocopa de 2012 contra Italia. El hecho de que se desatara un sentimiento patriótico tan "desbocado", mientras días atrás se había anunciado una amnistía fiscal para los estafadores de impuestos (¿qué mejor manera de demostrar el amor por tu país que ingresando religiosamente en sus arcas todo lo que le corresponda a tu nivel de ingresos?), y otras cuestiones como el hecho de que el Presidente del Gobierno decidiera acudir a la final del campeonato en vez de supervisar las labores de extinción de uno de los mayores incendios que ha asolado la geografía española en los últimos años (mientras los bomberos pedían motosierras eléctricas por Twitter), hicieron que no disfrutara (nunca suelo hacerlo, pero en esa ocasión menos) la victoria española. La verdad es que era una una mala noche para intentar ver algo bueno en nuestra especie, por varios motivos: un aborregamiento que llevaba a seres ebrios a cantar consignas que no sabían lo que significaban mientras toreaban con la bandera de España a los coches que circulaban por la calle; un sentimiento patriótico fundado en algo tan superficial y efímero como un partido de fútbol; comprobar que en lo único en lo que somos campeones es en el fútbol, y que a su población con eso únicamente le vale.

Es cierto que después de tan lamentable episodio he tenido dos buenas ocasiones para reconciliarme con el género homo sapiens: el recibimiento que el pueblo de Madrid hizo a los mineros que marchaban desde las diferentes cuencas españolas y la manifestación del pasado 19 de julio en la que quedó patente que el Pueblo no se resigna, que no le gusta lo que está ocurriendo, y que en ningún momento legitimó a ningún gobierno para que destruyera el Estado de Bienestar por el que han luchado nuestros padres y abuelos.

Desconozco las veces que José María Bermúdez de Castro se ha enfrentado y reconciliado con el género homo sapiens, pero por lo que nos cuenta en su libro "Exploradores. La historia del yacimiento de Atapuerca" han debido de ser unas cuantas. Y no precisamente con los de los fósiles que van apareciendo en el yacimiento de la provincia de Burgos, pues entre otras cosas pertenecen a la especie Homo Antecessor, sino con los primeros espadas de lo que se ha dado en llamar "la ciencia oficial". Nos cuenta Bermúdez de Castro que cuando todas las evidencias parecían apuntar a que lo que se estaba descubriendo en Atapuerca constituiría un hito y toda una novedad en la paleoantropología mundial, los representantes de la "ciencia oficial" ponían todos sus esfuerzos en minimizar los hallazgos y en encuadrarlos en alguna de las especies ya existentes, con el único objetivo de relativizar su valor científico.

Dentro de este libro es muy reseñable la crónica del viaje que llevó a algunos de los componentes del equipo de Atapuerca hasta Dmanisi (Georgia), donde de un modo ameno nos muestra cómo un país que todavía se encontraba apagando las cenizas de la guerra civil encontró fuerzas suficientes para realizar uno de los hallazgos más importantes de las últimas décadas en el campo de la paleantropología mundial. La radiografía que hace del país, de sus paisajes, de su gastronomía y de sus gentes bien vale una lectura de este libro, ya de por sí recomendable. 

Tampoco ahorra esfuerzos a la hora de criticar a los responsables de la Junta de Castilla y León en el año 1994, los cuales no confiaron en ellos en ningún momento, pero sí anduvieron bastante rápidos para hacerse una buena foto cuando entendieron que lo que se acababa de descubrir en esos días (el cráneo del "primer homínido europeo", "Miguelón") era un hallazgo de importancia mundial.

El libro de José María Bermúdez de Castro es el ejemplo perfecto de divulgación científica y pasión por lo que uno hace. Quien tenga la inquietud antropológica de saber cómo hemos llegado hasta unos días en los que pese a tener todas las herramientas necesarias a nuestro alcance para defender nuestros derechos y nuestra integridad, estamos consintiendo que nos quiten delante de nuestras narices todo lo que nos queda y nos permite reconocernos como ciudadanos, no debería dejar de pasar la oportunidad de leer este libro, y que a partir del origen que constituye la presencia de Homo Antecessor en la Sierra de Atapuerca, ate cabos y saque sus propias conclusiones.  

jueves, 10 de noviembre de 2011

"No más FARC"

He de confesar que Mario Vargas Llosa no es santo de mi devoción. La rancia ideología política que siempre que tiene ocasión deja plasmada en un escrito o en unas declaraciones dejan ver sin tapujos un pensamiento liberal propio del siglo XIX, y muy poco acorde con los gobiernos de corte izquierdista bolivariano que los pueblos de América Latina llevan eligiendo en sus respectivas elecciones desde hace más de una década. Ello por sí sólo no es malo, faltaría más, pero sorprende que ninguna de las medidas que toman estos gobiernos progresistas sean nunca de su agrado (la inquina que tiene a Hugo Chávez es particularmente alarmante).

Sin embargo, releyendo algunos viejos periódicos que guardo en casa, el otro día aparecieron ante mí algunas de las colaboraciones que realizó para "El País" hasta hace un par de años, aproximadamente, en una sección dominical llamada "Piedra de toque", y en las que no le faltaba del todo razón en sus apreciaciones (como se verá hoy y próximamente). En una de ellas hablaba de la iniciativa de un ingeniero colombiano, que había organizado un grupo en Facebook y convocado manifestaciones en todo el mundo por el fin de las FARC, siendo la más numerosa la que tuvo lugar en Santa Fe de Bogotá.

Se cuestiona Vargas Llosa si las FARC fueron algo distinto en sus comienzos, cuando estaban dirigidos por Tirofijo. Se responde: "tal vez lo fue, antes de que naciera oficialmente, en 1966, cuando la guerra civil que ensangrentó Colombia, luego del asesinato de Jorge Gaytán Durán y el bogotazo de 1948, y las guerrillas liberales y conservadoras se entremataban en una de las peores sangrías de la historia latinoamericana. Pero, si hubo alguna vez fuertes dosis de idealismo y generosidad en sus dirigentes, y una genuina vocación de altruismo social, todo eso fue desapareciendo con una práctica violenta de tantas décadas, en la que, poco a poco, los medios se fueron imponiendo sobre los fines, y corrompiéndolos hasta desaparecerlos, como suele ocurrir a quienes que la violencia es la partera de la historia". Y es que hoy, "las FARC no tienen nada de admirable ni de respetable pues son, hoy día, nada más que un Ejército seudo popular al servicio del narcotráfico, que vive del crimen, que tiene esclavizados por los métodos brutales que practica a cientos de miles de campesinos y gentes de los estratos sociales más humildes de Colombia que para su desgracia residen dentro de las zonas que domina y que son el obstáculo mayor que tiene este país para avanzar en su desarrollo y perfeccionar su democracia. 

No había reparado en este artículo hasta hace poco tiempo, cuando ETA anunció el "cese definitivo de la actividad armada", repugnante eufemismo que no significaba más que después de 50 años dejaba de asesinar a personas, inocentes en su inmensísima mayoría (me acuerdo de Carrero Blanco o Melitón Manzanas), contrarias a lo que ellos consideraban un Euskadi libre ("Askatuta"). Tras la decisión de ETA, la lectura de este artículo y el reciente asesinato de Alfonso Cano, el responsable de las FARC tras el fallecimiento de Manuel Marulanda "Tirofijo", en 2008, queda claro cuál es el fin de toda organización terrorista en el siglo XXI: su disolución sin condiciones. La gestión de "las consecuencias del conflicto" (otro asqueroso eufemismo) es harina de otro costal.


martes, 25 de octubre de 2011

Narración de un costumbrismo siniestro

La historia de la Literatura primero, y la del Cine después, nos han mostrado que incluso en los lugares más recónditos de las sociedades y del género humano se puede esconder inesperadamente un ápice de bondad que no se pretendía encontrar. En estos casos, el personaje recobra el atractivo que no había tenido hasta ese momento. Sin embargo, el caso de Gerd Wiesler (o HGW XX/7, o el recientemente fallecido Ulrich Mühe) es diferente, porque ni aún dejando ver su bondad inherente consigue eliminar el halo de maldad de la sociedad en que está envuelto.

Es muy difícil intentar hacer una sinopsis de "La vida de los otros" sin descubrir algún hecho relevante en el desenlace de la película. Y es que aunque se tenga la percepción de que durante el metraje la acción se encuentra paralizada, lo cierto es que ante nuestros ojos pasan durante más de dos horas el fin de uno de los regímenes más macabros y sanguinarios de la Historia de la Humanidad. Agentes como Gerd Wiesler fueron los partícipes de que la lealtad de los hasta ese momento adeptos al régimen comunista que gobernaba con puño de hierro en la Alemania Oriental se resquebrajara y los "culpables" de que los que ostentaban alguna posición privilegiada buscasen la reubicación en otro lugar donde poder perpetrar su condición de poderoso, aunque ello supusiera colocarse en el otro lado del telón de acero (trasladando esto a España pienso, por ejemplo, en Rodolfo Martín Villa).

"La vida de los otros" no deja de ser una narración costumbrista (con lo que implicaba una situación costumbrista en esta época) de los últimos años del telón de acero, pero se trata de un costumbrismo siniestro en el que la cotidianeidad pasaba por la entrada clandestina en hogares, escuchas y detenciones ilegales, etc.

Aunque el hecho de que una película haya recibido un premio "Oscar" (a la "mejor película de habla no inglesa") generalmente no es indicativo de nada, en este caso la elección de la Academia del Cine de Estados Unidos pareció acertada y plenamente justificada. 

miércoles, 20 de abril de 2011

La vida a borbotones

Resulta desconcertante que una consecución de caracteres tipográficos pueda provocar tanta desazón en la persona que las lee; que esos pequeños puntos de tinta unidos entre sí cobren un significado, y que el significado constituya un sentimiento. Un sentimiento que crea pesadumbre, conduciendo al lector irremisiblemente a encontrarse dentro de la piel de un príncipe italiano del siglo XIX, siendo consciente de que pese a la separación temporal y la diferencia de status social, el sentimiento que ha de atenazar a una persona a las puertas de la muerte ha de ser la desesperación que muestra Fabrizio Corbera desde la terraza de un hotel de Palermo.

El capítulo dedicado a la muerte del Príncipe, con la vida escapándosele a borbotones, mientras rememora las veces que ha sido feliz y sobretodo las que ha sido infeliz a lo largo de su vida es uno de los pasajes más atractivos de toda la novela. Ciertamente, la estructura del libro en períodos de tiempo no muy largos, pero que se unen entre sí con espacios temporales muy prolongados hace que el hilo argumental sobre el que se estructura la historia no sea muy sólido, pero pese a todo se puede decir que "El Gatopardo" es una libro que posee una gran calidad y que cuenta entre sus páginas con momentos deliciosos.

Toda la novela gira en torno a la figura del Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, en un momento convulso para la historia de Italia: el desembarco de Garibaldi en Sicilia en mayo de 1860, y el fin de la época de dominio de la aristocracia, para dar paso a una más convulsa y más insegura para la nobleza. Y son, precisamente, las maniobras de acomodación que 'El Gatopardo' hubo de realizar para adaptarse a los nuevos tiempos, partiendo de su carácter siciliano, el principal hilo argumental de la historia. D. Fabrizio, que demuestra en más de una ocasión su sensación de vacío por estar rodeado de personas que únicamente se proveen de alegrías momentáneas y banales (la fiesta en el Palacio de los Ponteleone es uno de esos momentos), es un gran conocedor de las matemáticas y la astronomía, y precisamente por ello, por su carácter ilustrado es por lo que se siente tan sólo en el mundo de la nobleza tan superficial.

El contexto histórico-político de Italia a finales del siglo XIX juega un papel fundamental en el desarrollo de los acontecimientos. Una vez que Garibaldi lleva a cabo el desembarco en Sicilia, se produce una conversación entre D. Fabrizio y Tancredi, el sobrino militar de 'El Gatopardo', cuyo contenido ha pasado a la historia de la ciencia política como el gatopardismo:
-Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.
-¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y después todo será igual pese a que todo habrá cambiado.

Y es que aunque la novela esté trufada de amoríos juveniles, desengaños amorosos, infidelidades y otras cuitas de las relaciones de pareja (además de otros temas como el catolicismo, la vida en la Sicilia rural, etc.), no se deja empañar por todo ello y al final acaba prevaleciendo su carácter eminentemente práctico para entender los avatares de la última mitad del siglo XIX en Italia. Es, en definitiva, un buen manual para entender la época de la unificación de Italia.

Por tanto, nos encontramos ante un libro totalmente recomendable que por su volumen se convierte en una lectura liviana, con bastantes pasajes que se prestan a disfrutarlos en cualquier momento, pero preferentemente en una noche de primavera o verano que nos haga recordar a las de la familia Salina en los jardines del castillo de Donnafugata. 

P.D: Antes de El Gatopardo tuve la oportunidad de leer Rayuela, de Julio Cortázar, libro sobre el que nunca se ha de pretender realizar una reseña, por breve que sea, si no se quiere caer en el más estrepitoso de los ridículos.

lunes, 4 de enero de 2010

Codex Templi: muchas pretensiones, pocas respuestas


"Codex Templi. Los misterios templarios a la luz de la Historia y de la Tradición" es un libro bastante irregular. Y lo es porque la calidad de algunos textos no la encontramos en otros. Nos encontramos con capítulos entretenidos y magníficamente estructurados y escritos y que forman parte de los hechos probados más importantes en torno a la Orden del Temple. Sin embargo, otros no hacen más que teorizar y desgranar hipótesis (algunas de ellas muy traídas por los pelos) en relación a temas marginales que pudieron haber ocurrido...o no.

Un ejemplo de los primeros es el capítulo llamado "Apogeo y decadencia, arresto y juicio de la Orden del Temple", de José Carlos Sánchez Montero. En él se van desgranando las causas del proceso abierto contra la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, un relato cronológico detallado de cuanto aconteció en aquellos siete infames años, para finalizar en la supuesta maldición que el último Maestre templario, Jacques de Molay, lanzó contra los instigadores de aquél proceso que acababa con su muerte en la hoguera, el Rey de Francia Felipe IV y el Papa Clemente V. Es cierto que hay otros capítulos bastante interesantes, como los que llevan por título "Templarios, los banqueros de la cristiandad", "La Sábana Santa y los templarios. De cómo llegó la Síndone a Occidente" (aunque este capítulo se mereciera estar en los del siguiente párrafo, se trata de un tema muy interesante que engancha desde el primer momento), "Los templarios y la secta de los Asesinos" o "Leyendas templarias" (escrito éste último, por cierto, por un buen amigo del que escribe, y que ya anda metido en nuevos proyectos, si cabe más interesantes aún que el que ahora nos ocupa).

Sin embargo, en el polo opuesto encontramos una multitud de capítulos (hay que dejar claro que no todos) en los que la temática iniciática se mezcla con una supuesta relación con la Orden del Temple, con suposiciones muy forzadas y poco consistentes basadas en las de otros autores que tampoco parecen saber argumentarlas de una forma muy sólida ("Los templarios y la tradición iniciática de los trovadores", "Templarios, jesuitas y masones", "Templarios y alquimistas", etc.).

Por supuesto que no todo es malo en este libro: al ser un proyecto tan ambicioso, abarca multitud de temas, siquiera de forma incidental, pero que pueden bastar para adquirir una base de conocimientos en torno a ellos. Así, por ejemplo, a lo largo de los capítulos el lector se podrá encontrar con valiosas y documentadas referencias en torno a la alquimia, la caballería medieval, el clima social del Medievo, y otros tantos temas con conexiones (mayores, en algunos casos, menores en otros) con la Orden del Templo de Salomón. Otro tanto a su favor, y que acabamos de mencionar someramente, es la gran documentación con la que han contado los autores (una lista bastante extensa de los libros y estudios monográficos que han utilizado la podemos encontrar en un anexo al final del libro).

En definitiva, un libro bastante pretencioso que cumple a medias con el objetivo que se marca desde un principio: ser la Enciclopedia de la "Templariología", esto es, de todo lo que rodeó a los Templarios antes, durante y después de su final.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Un muro se derriba, otros se levantan


Hoy se cumplen 20 años de la caída del muro de Berlín. Para algunos ese hito histórico constituyó el fin del siglo XX (el comienzo del XXI se situaría el 11 de septiembre de 2001) por la relevancia social, política, cultural y económica que tendría posteriormente. Y a raíz de esta cuestión, esta mañana se preguntaban en "Hoy por hoy" de la Cadena Ser si a las puertas de 2010 nos encontramos mejor o peor que el 9 de noviembre de 1989.

Podría opinarse que la situación del mundo ha cambiado a mejor, al igual que podría opinarse lo contrario, pero en lo que todos estaríamos de acuerdo es en que la realidad en pleno siglo XXI es totalmente diferente al año 1989. Se ha pasado de una óptica bilateral de las relaciones entre países (Occidente y la URSS) a una multilateral en la que proliferan los agentes políticos (Europa, Estados Unidos, países emergentes como India, Brasil, o regiones como América Latina, sin olvidar del gran gigante asiático China) con la consiguiente dificultad para mantener la estabilidad en alguna de estas regiones.

Por otro lado, aunque la caída del muro de Berlín fue el símbolo que marcó el fin de una época, el error de levantar obstáculos entre humanos ha seguido cometiéndose hasta nuestros días. Quizá los casos más llamativos siempre sean las fronteras del sur con el norte (México,-EEUU, Ceuta, Melilla, etc.) o el muro levantado en Palestina y que convierte al territorio en una cárcel gigantesca, pero no son los únicos.

En estos veinte años el mundo ha ido a peor en algunos aspectos (la mayoría) y a mejor en algunos otros (el índice de pobreza absoluta era el menor jamás conocido a finales del año 2007), pero es indiscutible que se ha transformado alcanzando una complejidad inusitada hasta el momento que de no ser gestionada de un modo correcto nos hará cometer errores del pasado, desde levantar un muro entre personas hasta llegar a guerras absurdas, innecesarias y destructivas.

lunes, 17 de agosto de 2009

Criterio para valorar un acontecimiento histórico


Ayer tuve esa sensación que acompaña al hecho de estar viviendo un acontecimiento histórico. Y como yo, las 76.000 almas que llenaban el Estadio Olímpico de Berlín. Y es que Usain Bolt se postró en la noche de ayer como la persona más rápida del mundo (al menos en correr los 100 metros lisos). Y es que pulverizó todos los récords que había en esta modalidad hasta el momento (incluido el suyo, conseguido el año pasado en los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008).

Fue una sensación como la que tuvo todo el mundo al ver televisados los atentados contra el World Trade Center de la ciudad de Nueva York (o los de Madrid, contra los trenes) o, por ejemplo, la investidrua de Barack Obama, como el primer presidente negro de los Estados Unidos de América. Y me imagino que como la que tuvieron los millones de espectadores a lo largo y ancho del mundo en aquél lejano 1969 al ver a Neil Armstrong pisar la luna por primera vez.

Quizá algunos puedan entender que el hecho de que un atletista jamaicano bata un récord de velocidad no pueda tener tanta trascendencia como unos atentados a escala planetaria que marcaron el inicio del siglo XXI o la llegada de una persona de color a la presidencia de la primera potencia mundial, creando un punto de inflexión en las luchas raciales de Estados Unidos, pero tengo la opinión de que cualquier acontecimiento que tenga la capacidad de enmudecer durante 9,58 segundos o durante toda una jornada llena de terror al mundo entero es digno de considerarse como tal. Y, sin duda, lo que ayer se vivió en el Estadio Olímpico de Berlín puede encuadrarse dentro de esta categoría.