martes, 21 de diciembre de 2021
Jugábamos sobre la ignominia
domingo, 6 de junio de 2021
El ser humano es un animal que añora
La primera noticia de 'Sobre la nostalgia. Damnatio memoriae' la tuve durante los paseos vespertinos desde casa hasta el Cementerio de la Almudena (un buen lugar para ejercitar la nostalgia, por cierto), en la época en la que comenzaron a relajarse las medidas de confinamiento tras el primer estado de alarma. Como nexo común en casi todas mis últimas lecturas, el autor fue entrevistado por Javier Aznar, en una de las habitaciones de su ya imprescindible 'Hotel Jorge Juan'.
Me pareció muy interesante la aproximación a ese concepto, el de la nostalgia, desde la filosofía y la mitología, justo en el momento en el que lo que más añorábamos era nuestra vida anterior a la pandemia. El de la nostalgia de ver a nuestros seres queridos y estar acompañados por ellos durante la parte más dura del confinamiento domiciliario al que nos abocó el COVID-19.
En 'Sobre la nostalgia', Diego S. Garrocho disecciona desde una perspectiva histórica y filosófica el concepto de nostalgia. Se trata de un ensayo muy académico en algunos pasajes, que no he podido disfrutar cuanto me hubiera gustado, debido a mis propias carencias y limitaciones en la materia. Otros, sin embargo, en un lenguaje más asequible para el lector común, como quien esto escribe, nos acercan al concepto que da título al libro y a una serie de lugares perfectamente transitables para la mayoría:
"La amenaza de un dolor es mucho más temible que la vivencia de un sufrimiento en tiempo presente".
"La fortuna ha querido que en nuestra lengua la «espera» y la «esperanza» converjan en una misma palabra. «Esperar» es una acción ambigua y dual en la que la permanencia o la persistencia paciente parece custodiar un optimismo injustificado. La polisemia del término fascinó a André Gide, quien celebró la coincidencia que en nuestra lengua nos obliga, cada que entramos en una «sala de espera», a entrar en una «sala de esperanza». Allí donde esa esperanza se exilia, disipa o se aniquila -podríamos volver a Hesíodo- se pierde el sentido de la espera e incluso se hace imposible su ejercicio".
"Es probable que cada vez que añoramos un lugar no echemos de menos una circunstancia espacial concreta sino un tiempo sido".
"No hay nada más antiguo que el futuro, pero al mismo tiempo no hay nada más moderno, o postmoderno, que invocar el pasado".
Personalmente, la parte que más disfruté durante la lectura fue la que abordaba el concepto de nostalgia desde una perspectiva histórica, resultando muy interesante el capítulo dedicado a la 'damnatio memoriae', una condena habitual en la antigua Roma, consistente en borrar de la memoria colectiva el recuerdo de un enemigo del Imperio, suprimiendo cualquier rastro que pudiera permanecer en placas conmemorativas, edificios, esculturas, etc. Era una versión más depurada (y menos cutre) de las purgas llevadas a cabo en la URSS con aquellos a los que se purgaba y condenaba al ostracismo.
Igualmente interesante es el tratamiento de la enfermedad de la nostalgia de la que fueron diagnosticados los soldados suizos que se enrolaban en misiones lejos de su país (la enfermedad también recibió el nombre de "mal del país") y que no podían olvidar los verdes paisajes de su patria mientras se encontraban luchando lejos de ellos.
En definitiva, un libro muy interesante, que nos acerca de una manera integral a un concepto más presente en nuestra vida de lo que podríamos pensar, pero al que es conveniente acercarse con determinadas bases sobre conceptos filosóficos para poder disfrutarlo en su totalidad.
martes, 9 de febrero de 2021
Un pueblo que se dejó traicionar
miércoles, 10 de octubre de 2018
Cuenca y las lagunas de Cañada del Hoyo
lunes, 23 de julio de 2012
Patriotismo fosilizado
jueves, 10 de noviembre de 2011
"No más FARC"
martes, 25 de octubre de 2011
Narración de un costumbrismo siniestro
miércoles, 20 de abril de 2011
La vida a borbotones
lunes, 4 de enero de 2010
Codex Templi: muchas pretensiones, pocas respuestas

Un ejemplo de los primeros es el capítulo llamado "Apogeo y decadencia, arresto y juicio de la Orden del Temple", de José Carlos Sánchez Montero. En él se van desgranando las causas del proceso abierto contra la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, un relato cronológico detallado de cuanto aconteció en aquellos siete infames años, para finalizar en la supuesta maldición que el último Maestre templario, Jacques de Molay, lanzó contra los instigadores de aquél proceso que acababa con su muerte en la hoguera, el Rey de Francia Felipe IV y el Papa Clemente V. Es cierto que hay otros capítulos bastante interesantes, como los que llevan por título "Templarios, los banqueros de la cristiandad", "La Sábana Santa y los templarios. De cómo llegó la Síndone a Occidente" (aunque este capítulo se mereciera estar en los del siguiente párrafo, se trata de un tema muy interesante que engancha desde el primer momento), "Los templarios y la secta de los Asesinos" o "Leyendas templarias" (escrito éste último, por cierto, por un buen amigo del que escribe, y que ya anda metido en nuevos proyectos, si cabe más interesantes aún que el que ahora nos ocupa).
Sin embargo, en el polo opuesto encontramos una multitud de capítulos (hay que dejar claro que no todos) en los que la temática iniciática se mezcla con una supuesta relación con la Orden del Temple, con suposiciones muy forzadas y poco consistentes basadas en las de otros autores que tampoco parecen saber argumentarlas de una forma muy sólida ("Los templarios y la tradición iniciática de los trovadores", "Templarios, jesuitas y masones", "Templarios y alquimistas", etc.).
Por supuesto que no todo es malo en este libro: al ser un proyecto tan ambicioso, abarca multitud de temas, siquiera de forma incidental, pero que pueden bastar para adquirir una base de conocimientos en torno a ellos. Así, por ejemplo, a lo largo de los capítulos el lector se podrá encontrar con valiosas y documentadas referencias en torno a la alquimia, la caballería medieval, el clima social del Medievo, y otros tantos temas con conexiones (mayores, en algunos casos, menores en otros) con la Orden del Templo de Salomón. Otro tanto a su favor, y que acabamos de mencionar someramente, es la gran documentación con la que han contado los autores (una lista bastante extensa de los libros y estudios monográficos que han utilizado la podemos encontrar en un anexo al final del libro).
En definitiva, un libro bastante pretencioso que cumple a medias con el objetivo que se marca desde un principio: ser la Enciclopedia de la "Templariología", esto es, de todo lo que rodeó a los Templarios antes, durante y después de su final.
lunes, 9 de noviembre de 2009
Un muro se derriba, otros se levantan

Podría opinarse que la situación del mundo ha cambiado a mejor, al igual que podría opinarse lo contrario, pero en lo que todos estaríamos de acuerdo es en que la realidad en pleno siglo XXI es totalmente diferente al año 1989. Se ha pasado de una óptica bilateral de las relaciones entre países (Occidente y la URSS) a una multilateral en la que proliferan los agentes políticos (Europa, Estados Unidos, países emergentes como India, Brasil, o regiones como América Latina, sin olvidar del gran gigante asiático China) con la consiguiente dificultad para mantener la estabilidad en alguna de estas regiones.
Por otro lado, aunque la caída del muro de Berlín fue el símbolo que marcó el fin de una época, el error de levantar obstáculos entre humanos ha seguido cometiéndose hasta nuestros días. Quizá los casos más llamativos siempre sean las fronteras del sur con el norte (México,-EEUU, Ceuta, Melilla, etc.) o el muro levantado en Palestina y que convierte al territorio en una cárcel gigantesca, pero no son los únicos.
En estos veinte años el mundo ha ido a peor en algunos aspectos (la mayoría) y a mejor en algunos otros (el índice de pobreza absoluta era el menor jamás conocido a finales del año 2007), pero es indiscutible que se ha transformado alcanzando una complejidad inusitada hasta el momento que de no ser gestionada de un modo correcto nos hará cometer errores del pasado, desde levantar un muro entre personas hasta llegar a guerras absurdas, innecesarias y destructivas.
lunes, 17 de agosto de 2009
Criterio para valorar un acontecimiento histórico

Fue una sensación como la que tuvo todo el mundo al ver televisados los atentados contra el World Trade Center de la ciudad de Nueva York (o los de Madrid, contra los trenes) o, por ejemplo, la investidrua de Barack Obama, como el primer presidente negro de los Estados Unidos de América. Y me imagino que como la que tuvieron los millones de espectadores a lo largo y ancho del mundo en aquél lejano 1969 al ver a Neil Armstrong pisar la luna por primera vez.
Quizá algunos puedan entender que el hecho de que un atletista jamaicano bata un récord de velocidad no pueda tener tanta trascendencia como unos atentados a escala planetaria que marcaron el inicio del siglo XXI o la llegada de una persona de color a la presidencia de la primera potencia mundial, creando un punto de inflexión en las luchas raciales de Estados Unidos, pero tengo la opinión de que cualquier acontecimiento que tenga la capacidad de enmudecer durante 9,58 segundos o durante toda una jornada llena de terror al mundo entero es digno de considerarse como tal. Y, sin duda, lo que ayer se vivió en el Estadio Olímpico de Berlín puede encuadrarse dentro de esta categoría.








