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lunes, 15 de mayo de 2017

Inadaptados


En los últimos años, cuando alguien escuchaba el término "novela escandinava" rápidamente le venía a la mente la trilogía 'Millenium' del sueco Stieg Larsson. Y con razón, pues recibió un gran espaldarazo por parte de los medios de comunicación tanto de nuestro país como en otros de nuestro entorno. Sin embargo, al mismo tiempo se estaban escribiendo cosas muy buenas en los países del norte, y que pasaron desapercibidas para el gran público. 'Elling. Hermanos de sangre', de Ingvar Ambjornsen es un claro ejemplo.

A primera vista, dos jóvenes amigos con problemas de higiene, tutelados por un funcionario del ayuntamiento de Oslo en una vivienda municipal, a los que cuesta relacionarse con todo aquello que se encuentra más allá de la puerta de entrada de su hogar, no parecen los personajes más atractivos (en todas las acepciones del término) para protagonizar ningún relato. Pero en muchas ocasiones nos quedamos con esa idea (equivocada) por no avanzar un paso más allá y asomarnos un poco.

domingo, 16 de febrero de 2014

La (re)generación perdida

A pocos nos pilló de sorpresa la designación de Elena Valenciano para encabezar la candidatura del PSOE a las Elecciones al Parlamento Europeo. Ni tampoco que Rubalcaba plantease ese proceso electoral en clave plebiscitaria de cara a unas futuras Elecciones Generales. Y no nos sorprendió, no porque hayamos perdido la capacidad de sorpresa, sino porque los dirigentes del partido son muy dados a perder oportunidades para acometer la regeneración que la sociedad y amplios sectores de la estructura de la organización viene reclamando.


Ya se sabe lo que hacen, y sobretodo lo que no hacen, cuando tienen oportunidad de hacerlo. Por eso es necesaria una nueva generación al frente del partido, con la posibilidad de ejercitar su derecho a equivocarse. Y ello es así, o de lo contrario muchos volveremos a cuestionarnos regalar un voto a "lo malo conocido" por no poder dárselo a "lo malo por conocer".

Se habla mucho, y con razón, de la generación perdida que va a dejar esta maldita crisis, pero no son conscientes de todas las que llevamos maltrechas nosotros dentro del partido desde la Transición. Quizá generaciones que no hubieran consentido un partido y una sociedad desencantados con la política, con un estado de apatía nunca antes visto.

Es hora de los cambios necesarios para recuperar las riendas de una sociedad más empobrecida y más injusta que cuando cayó en manos de la derecha. Y ello sólo se puede conseguir dando una oportunidad a esa generación presa entre las barbas del felipismo, y dejarse de caras que, por ser de sobra conocidas, lastran al partido y aburren al electorado y arrojan resultados contraproducentes. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Literatura deportiva...de calidad


Cuando hace un par de semanas me encontré con que uno de los libros más vendidos en las tiendas españolas era el último de Tomás Roncero comprendí que el destino que para la civilización del siglo XXI predijeron los mayas estaba más que justificado. No puedo creer, primero, que el libro de este personaje esté entre uno de los más vendidos a nivel nacional ni, segundo, que  la literatura deportiva tenga unas miras tan bajas.

Por eso, el azar hizo que un par de días después cayera en mis manos (más bien caí yo en la estantería de la biblioteca que lo albergaba) 'Plomo en los bolsillos' de Ander Izagirre, cuyo subtítulo es 'Penurias, malandanzas, fanfarronadas, locuras, traiciones, alegrías, hazañas tragedias y sorpresas del Tour de Francia'. Y no se me ocurre una mejor descripción para el libro de este autor, el cual primero fue ciclista y después escritor.

Y es que 'Plomo en los bolsillos' es la historia de una pasión, de la pasión de unos locos que desde el principio de esta competición soñaban con llegar a lo más alto en el podio de París. Pero el camino en los inicios no era el "camino de rosas" que es actualmente, pues hablamos de carreras que duraban jornadas casi completas (21 ó 22 horas), en condiciones infrahumanas, y sin tener el sustento mínimo garantizado. Lo cierto es que posteriormente fue evolucionando hasta llegar a lo que conocemos hoy, pasando por las gestas épicas de los años 50 y 60, donde ya se empezaba a coquetear con los productos dopantes (se narra la historia de un ciclista que utilizó, al menos en una ocasión, supositorios de cocaína). 

Con la perspectiva que, afortunadamente, en algunas ocasiones concede el tiempo, vemos que el libro escrito en el año 2005, narra el auge de Lance Armstrong por las carreteras francesas y los sucesivos podios de París. Con esa perspectiva, como decimos, podemos comprobar cómo hoy el ciclista estadounidense ha sido desprovisto de todos sus títulos y ha sido declarado como la mayor farsa (conocida) de toda la historia del ciclismo mundial.

Una vez dije que no había visto un relato más conmovedor de la muerte que el que realiza Guisseppe Tomassi de Lampedusa sobre la muerte de Fabrizio Corbera, Príncipe de Salina, en 'El Gatopardo'. No me voy a retractar de lo que dije en su momento, pero si voy a añadir un nueva muesca en las narraciones de la vida que se les escapa a uno como arena entre los dedos. En 'Plomo en los bolsillos' Ander Izagirre narra la muerte del ciclista Tom Simpson en una subida a los Alpes como una cuenta atrás y con los pensamientos que presumiblemente podían atenazar al ciclista en cada uno de los segundos de ese fatídico último minuto de vida. Realmente conmovedor. Hace sentir la muerte dentro de uno...y al reloj que la acompaña.

Un libro totalmente recomendable, que sitúa a la literatura deportiva en el lugar que tiene que estar, y que deja a basuras como la de Tomás Roncero a la altura del betún. 

lunes, 1 de octubre de 2012

Algo huele a podrido en Rusia

Si por un casual me apeteciera hablar por hablar de alguno de los artículos que Mario Vargas Llosa escribe los domingos para 'El País', quizá fuera más conveniente centrarme en el deplorable y hagiográfico texto que hace un par de fines de semana le dedicó a Esperanza Aguirre, titulado "Aguirre, esa Juana de Arco liberal". Sin embargo, como mi deseo no es ese ni por asomo, hoy me centraré en uno que se publicó hace cuatro años sobre el empresario ruso, dueño de la compañía Yukos, titulado "Jodorkovsky en Siberia".

No es que sea un texto especialmente llamativo, ni mucho menos de lo mejor que Vargas Llosa ha publicado en "el diario independiente de la mañana", pero es imprescindible rescatarlo para ver qué grado de putrefacción ha alcanzado la democracia en Rusia. Aisladamente, la historia del multimillonario ruso podría entenderse como una caída en desgracia dentro de un país todavía repleto de grandes gerifaltes ex-comunistas, no dispuestos a perder su cuota de poder (o la nueva cuota de poder que les ofrecía la ruptura con el comunismo, y la pronta llegada del capitalismo). Salvando las distancias, en España contamos con nuestro ejemplo cañí: la RUMASA de José María Ruiz Mateos. Por tal motivo digo que separada de la realidad circundante el devenir de Jodorkovsky está a la orden del día en los países de nuestro entorno, e incluso en el nuestro. Sin embargo, en los últimos meses, la represión a las manifestaciones organizadas por la oposición rusa y la criminalización de sus líderes, pero especialmente la detención y el posterior proceso y encarcelamiento de las 'Pussy Riots', hacen ver hasta al menos despabilado que algo huele a podrido en la heredera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.


Jodorkovsky, según nos cuenta Vargas Llosa, comenzó desde los oficios menos prósperos hasta acabar en las altas instancias de la URSS. Cuando el Muro de Berlín cayó y aquélla se desintegró fue uno de los que vio la oportunidad que se le presentaba ante la liberalización de los sectores que hasta entonces habían estado controlados por el todopoderoso Estado soviético, entre ellos el de la energía. Fue así como se hizo con el control de Yukos, en una jugada a la que no faltaron críticas por parte de unos y otros.

No seré yo quien juzgue la actuación ni de uno ni de otros en este caso, pero si discutible fue su ascenso, más si cabe lo fue el proceso y posterior resolución a los que se vio sometido por plantear alternativas democráticas a la gestión de Putin en Rusia. Y desde luego lo que no es casualidad son tantos casos de decisiones antidemocráticas en un lapso relativamente pequeño de tiempo, por lo que en Rusia definitivamente hay algo que no huele bien. Pero lo llamativo es que pese a que el proceso a Jodorkovsky se considerase una farsa desde Occidente nadie se ha atrevido a criticar más de la cuenta al gigante ruso, porque mientras emitían sus casi inaudibles quejas lo hacían con un ojo puesto en la pérdida de suministros energéticos del continente europeo, y el otro en las consecuencias comerciales que podría tener para las exportaciones de la Unión Europea. 

Así que el desenlace estaba claro desde el principio: únicamente iba a haber un perdedor, que dio con sus huesos en la cárcel, y que a día de hoy sigue cumpliendo condena, mientras Occidente mira para otro lado.

lunes, 23 de julio de 2012

Patriotismo fosilizado


Recuerdo que comencé este libro la misma noche en que España ganó la Eurocopa de 2012 contra Italia. El hecho de que se desatara un sentimiento patriótico tan "desbocado", mientras días atrás se había anunciado una amnistía fiscal para los estafadores de impuestos (¿qué mejor manera de demostrar el amor por tu país que ingresando religiosamente en sus arcas todo lo que le corresponda a tu nivel de ingresos?), y otras cuestiones como el hecho de que el Presidente del Gobierno decidiera acudir a la final del campeonato en vez de supervisar las labores de extinción de uno de los mayores incendios que ha asolado la geografía española en los últimos años (mientras los bomberos pedían motosierras eléctricas por Twitter), hicieron que no disfrutara (nunca suelo hacerlo, pero en esa ocasión menos) la victoria española. La verdad es que era una una mala noche para intentar ver algo bueno en nuestra especie, por varios motivos: un aborregamiento que llevaba a seres ebrios a cantar consignas que no sabían lo que significaban mientras toreaban con la bandera de España a los coches que circulaban por la calle; un sentimiento patriótico fundado en algo tan superficial y efímero como un partido de fútbol; comprobar que en lo único en lo que somos campeones es en el fútbol, y que a su población con eso únicamente le vale.

Es cierto que después de tan lamentable episodio he tenido dos buenas ocasiones para reconciliarme con el género homo sapiens: el recibimiento que el pueblo de Madrid hizo a los mineros que marchaban desde las diferentes cuencas españolas y la manifestación del pasado 19 de julio en la que quedó patente que el Pueblo no se resigna, que no le gusta lo que está ocurriendo, y que en ningún momento legitimó a ningún gobierno para que destruyera el Estado de Bienestar por el que han luchado nuestros padres y abuelos.

Desconozco las veces que José María Bermúdez de Castro se ha enfrentado y reconciliado con el género homo sapiens, pero por lo que nos cuenta en su libro "Exploradores. La historia del yacimiento de Atapuerca" han debido de ser unas cuantas. Y no precisamente con los de los fósiles que van apareciendo en el yacimiento de la provincia de Burgos, pues entre otras cosas pertenecen a la especie Homo Antecessor, sino con los primeros espadas de lo que se ha dado en llamar "la ciencia oficial". Nos cuenta Bermúdez de Castro que cuando todas las evidencias parecían apuntar a que lo que se estaba descubriendo en Atapuerca constituiría un hito y toda una novedad en la paleoantropología mundial, los representantes de la "ciencia oficial" ponían todos sus esfuerzos en minimizar los hallazgos y en encuadrarlos en alguna de las especies ya existentes, con el único objetivo de relativizar su valor científico.

Dentro de este libro es muy reseñable la crónica del viaje que llevó a algunos de los componentes del equipo de Atapuerca hasta Dmanisi (Georgia), donde de un modo ameno nos muestra cómo un país que todavía se encontraba apagando las cenizas de la guerra civil encontró fuerzas suficientes para realizar uno de los hallazgos más importantes de las últimas décadas en el campo de la paleantropología mundial. La radiografía que hace del país, de sus paisajes, de su gastronomía y de sus gentes bien vale una lectura de este libro, ya de por sí recomendable. 

Tampoco ahorra esfuerzos a la hora de criticar a los responsables de la Junta de Castilla y León en el año 1994, los cuales no confiaron en ellos en ningún momento, pero sí anduvieron bastante rápidos para hacerse una buena foto cuando entendieron que lo que se acababa de descubrir en esos días (el cráneo del "primer homínido europeo", "Miguelón") era un hallazgo de importancia mundial.

El libro de José María Bermúdez de Castro es el ejemplo perfecto de divulgación científica y pasión por lo que uno hace. Quien tenga la inquietud antropológica de saber cómo hemos llegado hasta unos días en los que pese a tener todas las herramientas necesarias a nuestro alcance para defender nuestros derechos y nuestra integridad, estamos consintiendo que nos quiten delante de nuestras narices todo lo que nos queda y nos permite reconocernos como ciudadanos, no debería dejar de pasar la oportunidad de leer este libro, y que a partir del origen que constituye la presencia de Homo Antecessor en la Sierra de Atapuerca, ate cabos y saque sus propias conclusiones.  

lunes, 12 de septiembre de 2011

(Muy) Pequeño manual para jóvenes rebeldes



Tuve conocimiento de la existencia de este libro por un artículo de Público, titulado con las palabras que encabezan este post. He de reconocer que me encandiló para querer comprarlo por lo que en él se decía. Ahora bien, una vez leído, no es que me haya defraudado, en absoluto, pero considero que no aportará nada a alguien que tuviera un mínimo de conciencia social antes de su lectura.

En "¡Indignaos!" se parte de una base, que es la existencia de unos derechos que deberían ser intocables e inviolables para toda la Humanidad, pero que de un modo u otro no se respetan, lo cual ha de ser motivo de indignación y movilización, sobretodo, según el libro, para los más jóvenes. El punto de partida es impecable, pero en mi opinión se trata de algo obvio y, por qué no decirlo, de un planteamiento demasiado etéreo, como para que pueda despertar indignación por sí mismo.

Y aunque sirva de poco, lo que sí es interesante es la comparación que se establece entre la Francia de la Resistencia (aunque dicho proceso comparativo podría soportarse con cualquiera de los países de su entorno), pues sirve para evidenciar cómo derechos consolidados están peligrando gracias a prácticas especuladoras y agresivas de los distintos grupos de presión (económicos, mediáticos, etc...), que son al fin y a la postre los que dirigen los designios de países soberanos, como lamentablemente se está demostrando.

En mi caso, el hecho de haber leído este libro en este momento lleva el aliciente añadido de ver cómo se fraguaba el "Movimiento 15-M" al mismo tiempo que avanzaba por sus páginas. Hay quien considera que "¡Indignaos!" ha sido un revulsivo que ha despertado la conciencia de muchas personas y que, por tanto, se encuentra en la semilla de aquel movimiento. Por el contrario, considero que lo que se encuentra en el origen del mismo es el estado de retorsión a que estamos siendo sometidos por los denominados "mercados", por un lado, y a las políticas de derecha llevadas a cabo por un partido que de primero se apellida "Socialista" y de segundo "Obrero" (el cual, hay que reconocerlo para ser justos, recibió una herencia económica muy envenenada por parte de un verdadero partido, este sí de (extrema) derecha, el Partido Popular), por otro. Estas son las verdaderas razones por las que el Pueblo se ha movilizado. Más allá de formulaciones genéricas de violaciones de Derechos Humanos, ha sido la conciencia de que podemos encontrarnos ante una generación perdida de españoles, por las decisiones de sus gobernantes.

En definitiva, nos encontramos ante un libro que, si bien, puede servir de revulsivo para mentes dormidas, nada aportará a quien ya tuviera algo de conciencia social. Si lo que realmente se busca es una buena lectura que promueva el compromiso, recomiendo "La libertad del compromiso", de Hernán Zin, libro que recoge casos concretos de verdaderos ejemplos de sacrificio y superación por los demás. 



miércoles, 16 de julio de 2008

¿65 horas? Ni de coña

Hace unas semanas tuvo lugar un acontecimiento que, aunque tuvo cierta repercusión durante los primeros días, lo cierto es que se ha ido olvidando según ha ido transcurriendo el tiempo. Sin embargo, no creemos que esta sea una más de las medidas extravagantes que periódicamente llegan desde Bruselas. Nos estamos refiriendo, como indica la cabecera de este post, a la medida que aumenta el número de horas semanas de trabajo desde las 48 actuales hasta las 65, lo cual supondría una involución impropia en una sociedad avanzada, como lo es la europea del s. XXI.
La polémica medida necesitaba contar con la aprobación del Parlamento Europeo para ser aprobada, lo que finalmente acabó sucediendo. Sin embargo, existía posibilidad de restar legitimidad a esta decisión si algún Estado miembro se hubiese opuesto a la misma de una forma contundente, como hizo en un primer momento el Gobierno español, para finalmente acabar reculando y dar su apoyo implícito, es decir, pecando de tibieza (lo cual puede hacer recordar a los que pobablan el primer círculo de Infierno en la Divina Comedia de Dante, los cuales estaban condenados a sufrir toda la eternidad picaduras de avispa y estar rodeados de gusanos, al tiempo que sufrían las negativas de Carón para ser transportados al otro lado de la Laguna Estigia).
En definitiva, según el texto de esta medida lo que se pretende con ella es fomentar la negociación individual de los trabajadores con sus respectivos patronos para llegar a un acuerdo respecto el número de horas que se desea trabajar. Sin embargo, no hace falta ser un gran conocedor del sistema de relaciones laborales español (y de otros países de nuestro entorno) para darnos cuenta de que el trabajador siempre tiene las manos atadas por aquél que dispone sobre su medio de vida, y por lo tanto, deberá plegarse en multitud de ocasiones a la voluntad del empleador, quedando la medida desvirtuada desde el momento de su promulgación.
Desde luego, si vergonzante es el hecho de este aumento tan drástico en la jornada laboral de los trabajadores europeos, lo es más el hecho de que un Gobierno socialista como el español, último reducto de la izquierda en Europa, no haya sabido dejar a un lado los complejos y plantar cara al resto del continente en bloque (como ya ocurrió entre otros casos con la aprobación de la no-nata Constitución Europea), vetando la Directiva que aprobaba el aumento de las horas semanales de trabajo.
Por todo ello, desde aquí deseamos que una vez aprobada la norma, ésta entre lo más tarde en vigor, y que desde luego, desde las Administraciones se vele para que se cumpla la letra y el espíritu de esta Directiva, que resulta nefasta para los derechos adquiridos por medio de las luchas y las concesiones de los trabajadores a lo largo de estos dos siglos de luchas sociales, y que visto lo visto, no se prevé que tengan un final próximo.
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E-mail al Presidente del Gobierno (16 de julio de 2008):

Buenas noches,

Hace unas semanas llegaron unas preocupantes noticias desde Bruselas: sin darnos cuenta habíamos vuelto al siglo XIX: la jornada laboral de 8 horas que tanto sudor y lágrimas ha costado conseguir a nuestros antepasados ha sido hecha trizas delante de nuestros ojos, y sin necesidad de nocturnidad y alevosía, y lo peor de todo, con la connivencia del Gobierno español, a la cabeza del cual usted se encuentra, y específicamente del Ministro de Trabajo e Inmigración, D. Celestino Corbacho.

Esta medida no se corresponde en nada con el espíritu y el talante del que usted presumía (e hizo efectivo) durante la legislatura pasada, sino que más bien pone en un brete a los votantes habituales de su partido, pues todavía no alcanzamos a entender muchos de nosotros como es posible que se pueda aprobar por parte de su Gobierno (bien vale que absteniéndose, lo cual significa una aceptación implícita) una medida tan ignominiosa como la que aumenta a 65 las horas que un trabajador ha de prestar en su centro de trabajo, constituyendo la misma un aumento de 18 respecto de las actuales.

Espero, por el bien de todos los ciudadanos, y por el suyo propio, que sea coherente en la aplicación de la norma, y su prioridad sea la de proteger y defender al trabajador, el cual constituye la parte débil de toda relación laboral. Y espero que así sea, porque su postura en el procedimiento de aprobación de la norma no lo ha sido en absoluto, ya que como le decía, han sido dejados a un lado los principios que constituyeron el motor de cambio que nuestro país necesitaba en la pasada legislatura.

Un afectuoso saludo,

Roberto Manzano del Pino