domingo, 10 de marzo de 2013

Ruta de la Arquitectura Negra (Guadalajara)

A veces la Providencia dispone la ubicación de lugares a miles de kilómetros de donde les hubiera correspondido originariamente. Eso precisamente ocurría con el yate en que años antes se había remozado el dictador Franco, y que languideció sus últimos años en el aparcamiento de un hostal de la llanura castellanoleonesa. Pero a veces ocurre que esos lugares "mal situados" aportan un valor al territorio donde han recaído. Ése es el caso de Valverde de los Arroyos, un precioso pueblo de piedra negra, enclavado en el corazón de la sierra de Guadalajara, pero que bien podría haber estado situado en cualquier remoto lugar de los Alpes suizos, y que constituye el epicentro de la Ruta de la Arquitectura Negra.


La ruta, sin embargo, tiene su origen en el todavía señorial pueblo de Cogolludo, cuyo Palacio Ducal domina la Plaza Mayor con una majestuosidad propia de su rango. Conserva dos iglesias imponentes, de origen renacentista, muy reformadas a día de hoy, pero que sirven como claro ejemplo del esplendor y del poderío que en su momento tuvo este pueblo en la región. Y en lo alto del mismo, el castillo, del que hoy no quedan más que unos cuantos lienzos que aún vigilan todo lo que ocurre a sus pies. Para comer, el 'Restaurante Palacio' (especialidad en cabrito asado), en el lateral del Palacio Ducal.



Y a partir de aquí la cosa no hace más que mejorar. El camino sigue por una carretera ascendente, desde la que en todo momento se divisa la cresta nevada del Pico Ocejón. En el punto más alto llegamos a Valverde de los Arroyos, una verdadera pieza de coleccionismo. El pueblo está vetado al tráfico rodado, por lo que los visitantes han de aparcar el coche en un párking habilitado a un kilómetro de distancia, lo cual favorece que el pueblo se encuentre en el perfecto estado de conservación que actualmente tiene. Una vez dentro, el tiempo parece haberse detenido en sus calles empedradas, y es por esto por lo que es muy necesario cuidar el calzado utilizado para caminar por ellas. El pueblo guarda rincones espectaculares; he aquí algunos ejemplos:


A una hora de camino a pie se encuentra la cascada de Despeñalagua, donde una cortina de agua cae desde más de veinte metros de altura. El avance de la tarde nos impidió visitarla, pero viendo la oferta de alojamiento que ofrece Valverde amenazamos con volver en otro momento, y no perdérnosla.

Después de Valverde de los Arroyos toca bajar una carretera que discurre por las entrañas del valle para volver a subirla ya al otro lado de la sierra. Por el camino prescindimos de Almiruete y Campillo de Ranas. Nos dirigimos directamente a Majaelrayo, pueblo que según Juan Eslava Galán es el mejor conservado de toda la ruta (yo discrepo, me quedo sin duda con Valverde de los Arroyos). En él nos volvemos a encontrar con piedras negras en todas la superficie de sus casas y rincones de una belleza espectacular, y una plaza recoleta que respeta el entorno. El café que nos tomamos en el restaurante 'El Jabalí' fue reconfortante para combatir el frío que a esa hora la sierra ya no se atrevía a disimular, aunque quizá en otra ocasión nos de por la caza que también sirve, tal y como nos recomendó un compañero de pupitre de universidad que nos encontramos en la Plaza Mayor de Cogolludo.




Llegamos pidiendo la hora a Tamajón, del que sólo alcanzamos a ver su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y sus bellos y variados canecillos.


Mientras, la luna nos apremiaba, recordándonos que aún nos quedaba un largo camino hasta llegar a Madrid. La obedecimos.


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