sábado, 10 de diciembre de 2016

Una tarde otoñal en Puentenueva (Burgohondo)


Hay muy pocas cosas que anhelo en esta vida, pues me encuentro prácticamente colmado: no aspiro a tener un mejor coche, pues el que tengo me ha llevado a lugares insospechados; tampoco a tener una casa más grande, pues en la que vivo nos protege de todo lo malo que pueda haber en el exterior; asimismo, el dinero que gano me alcanza para cubrir las necesidades básicas vitales; y, finalmente, tengo una familia que me quiere y a la que adoro.

Como digo, no le pido nada más a la vida, pero a veces echo en falta no tener un lugar en el que disfrutar de manera permanente de un atardecer otoñal como el que pintó Monet en El camino a Vetheuil o, por ejemplo, salir a pasear a media tarde entre parajes nevados como acostumbraban a hacer filósofos como Thoreau o Kant.

Mientras llega el momento, si llega, de tener la naturaleza tan a mano, debemos buscar estos espacios en excursiones a la sierra de Madrid o en escapadas a lugares como el que hoy traigo al blog: se trata de Puentenueva, uno de los parajes que se hallan dentro del término municipal de Burgohondo (Ávila).







El paseo discurrió por la zona de monte que rodea este paraje, entre los colores amarillos y ocres del otoño, y una vegetación que desprendía olores a pino, romero y tomillo. En la parte más alta de la ruta se puede divisar, a un lado, el perfil montañoso de la sierra del Zaire sobre el caserío de Burgohondo, y al otro, algunos de los prominentes picos que circundan el valle del Tiétar.







Al tener carácter circular, la ruta empieza y acaba sobre el puente construido sobre las gélidas aguas del río Alberche, en cuya orilla nos esperan varias mesas de madera donde reponer fuerzas y tomar, a vuelapluma, unas breves notas sobre el espacio que acabamos de recorrer y las impresiones causadas.


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